La pala y la picota, a esta ultima más conocida como “pico” y aunque tenga otras acepciones, aquí me refiero a  la herramienta. La pala y la picota, cuya imágenes por sí mismas, simbolizan el trabajo, el esfuerzo…y si se quiere el sacrificio, producen una admiración silenciosa.

Pero cuando su accionar es utilizado para destruir, borrar un bien que con el tiempo se ha  transformado en un “bien cultural”, lo que despierta es una aflicción y una tristeza muy grande.

¿A que me refiero? Se está demoliendo la casa que en vida perteneció a Don Félix Infante un escritor e historiador  que enriqueció notablemente la cultura jujeña.

Muchas personas, sobre todo aquellas que contamos con muchos años sobre nuestras espaldas, reconocemos a don Félix Infante, sabemos quién era y que hacía. Pero muchos aquellos de las generaciones más nuevas, lo desconocen. Son las contradicciones del paso del tiempo…

Para conocer quien  fue Félix Infante me pareció acertado recurrir a su familia, que con seguridad nos brindarán detalles que posiblemente no se encontrarán en diccionarios. Un sobrino nieto de don Félix, José Luis nos hizo llegar un texto, bastante enriquecedor y lo transcribo tal cual:

Félix  Infante Tejerina, nace un dos de abril de 1905 en la bella Tupiza, de donde era oriunda su madre doña Juana Tejerina Ávila, hija de don José María Tejerina de buen pasar y relacionado a la minería y de doña Rosaura Ávila. El padre de Félix era don Manuel Infante  Castro y Calahumana, maestro, periodista político, y de pocos pelos en la lengua. Había nacido en Sucre, hijo de otro  periodista don José Félix Infante, supuestamente hijo natural de  don Facundo Infante, extremeño;  liberal que luchó contra la dominación francesa en España, fue desterrado e ingresó por Brasil, cruzando todo el Mato Groso hasta llegar a Santa Cruz de la Sierra, y ya  en tierras Alto Peruanas colabora con la revolución americana siendo ministro del Mariscal Sucre. Retorna a Extremadura y muere en su Villanueva del Fresno. La abuela paterna de nuestro Félix era doña María Castro y Calahumana, hija de un  cacique inca  aimara  de la villa de Huarina en la costa del Titicaca, y emparentada con José Andrés de Santa Cruz y Calahumana, el primer presidente mestizo de Bolivia y la Confederación Peruana Boliviana.  Es necesario recordar  también a una tía  de Félix, hermana de su padre, que Félix  recordaba con muchísimo  cariño: la tía Rosa una maestra extraordinaria de  fuerte carácter que hizo historia como docente en la ciudad de La Paz, donde fue reconocida por su labor.

El padre de Félix, dirigía un periódico en Tupiza, “La Estrella del Sur”, y estaba muy enfrentado políticamente con un señor Eguía que,vaya casualidad eran vecinos ya que vivían en casas enfrentadas, en una esquina, frente a la plaza mayor de Tupiza. La cosa pasó de gris claro a gris oscuro y la madre de Félix, temiendo incluso por la vida de su esposo y con ayuda económica de su padre decide emigrar a Jujuy con sus cinco hijos a cuestas e iniciar una nueva vida. Es así que llegan en 1908, con el menor, Félix de solo tres años. Ya de adulto  en uno de sus cuentos imagina ese viaje y lo relata magníficamente.

Se instala la familia en la casona colonial de Lamadrid 268, cuyos fondos llegaban hasta la avenida Senador Pérez, por donde ingresaban las carretas y caballos y mulas tenían sus pesebres.                     

 

 Felix niño con traje de marinero con sus hermanos, de izquierda a derecha Maria I. de Frías, Manuel hijo, Jose el mayor , Rosaura mi abuela y sentado el padre, don Manuel, periodista y maestro, como casi todos los Infante . Foto en la casa de Lamadrid 268, alredor de 1911.

Contaba la casa con un pórtico de ingreso, y un portón de reja colonial de dos hojas, de medio punto, marcaba el ingreso al primer patio embellecido con malvones y hortensias en grandes macetas de barro. Las paredes eran de adobe, de 60 cm de espesor. En el segundo patio había un limonero, una higuera, una chirimoya y muchísimas plantas de flor. No faltaban las pajarillas apoyadas en pequeños troncos. Y en el tercer patio había un enorme árbol de mato que brindaba sus ricos frutos. Su escritorio estaba al frente, a mano izquierda del pórtico,  unos sillones tapizados en cuero y su biblioteca le daban un toque señorial. A continuación  por el flanco oeste estaba un sombrío comedor con una mesa de madera en forma exagonal con bellísimos tallados y lo más lindo era un gran reloj cucú…..era algo fantástico para mi. La casa fue remodelada , no se bien en que año; le cambiaron la fachada colonial por una recta, le hicieron cielos rasos y conservaron los techos a dos aguas que quedaron disimulados con la nueva fachada. 

El escritorio         

Los padres de Félix fallecen antes que  egresara de maestro de la escuela Normal;  y en esa casa quedan viviendo él, mi abuela Rosaura y mi madre, Juanita, que era tan solo once años menor que el. Era una especie de hermano mayor para ella. María ya estaba casada viviendo en La Paz; José era jefe de estación y vivía en Tabacal; Manuel hijo, siguiendo la tradición familiar era maestro rural en Gancedo, provincia de  Chaco, como lo fuera mi abuela en el Ingenio La Esperanza y mi madre luego, en Arroyo Colorado.

Al egresar tenia diecinueve años, y ejerció como docente  en la escuela Escolástico Zegada, como también en la escuela para conscriptos del Regimiento de Infantería 20 , y luego en la escuelita de La Almona, que hoy lleva su nombre. Recuerdo, yo changuito chico, me sabía  llevar  a ese paraje tan verde a juntar hongos; era algo mágico para mi.

A los 27 años se casa con su amada Carmen Lina Calderón, oriunda de El Carmen y no pudieron tener hijos. Sus hijos fueron sus alumnos y sobrinos; y su casa estaba abierta para ellos. No adoptaron, pero si criaron como a un hijo a Reinaldo que falleció siendo hombre joven.

Felix tenía un amor pasional por la quebrada , en especial por Humahuaca, como por su profesión de docente, por investigar la historia de Jujuy , como por la  fotografia y el tenis.

Su primer trabajo literario fue un ensayo histórico sobre un héroe olvidado, un gaucho luchador de la frontera norte, don Manuel Eduardo Arias. Siguieron luego una zaga de cuentos costumbristas: “ Viento Norte y otros cuentos de La Almona”,  “ Llegó la guaguita y más cuentos de La Almona”, “ Tumbaya la bella” , y más crónicas históricas como “Jujuy en sus orígenes, en sus sacrificios y en sus hombres y mujeres”, “Crónicas del Jujuy de antes ”, “ Don Pablo Soria”, “ Palpala. Su historia a través de los tiempos” , “ Los hermanos Jiiménes, héroes quebradeños olvidados”, “Jujuy y la guerra de la Independencia Argentina ”,” El libro de los Intendentes”, “ San Antonio: bosquejo de su historia”, “ Jujuy en sus raíces”, “ San Francisco de Alava: crónica de su fundación y extreminio”  y otros más. Pero tal vez el m´ss conocido sea “ Calles de mi ciudad. El porqué de sus nombres”.

Fue director ad honoren de la Biblioteca pública , como también del  museo Casa de Juan Lavalle. Supo disfrutar de la vida sencilla, austera, sin lujos y con mucha paz interior. Fue ejemplo de honradez y bonomía. 

 

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Félix, Carmencita, sobrinos nietos y bisnietos en su cuando cumplió 90 años.

 

Félix  fallece el 17 de julio de 2000, hace ya veinte años y nos quedó de ejemplo a los que tuvimos suerte en conocerlo íntimamente, su honradez inmaculada y su amor por Jujuy.

Su amada esposa, nuestra gentil tía Carmen gozó de muy buena salud y calidad de vida hasta el 2 de septiembre de 2019, faltándole 20 días para que cumpliera sus 109 bellos años. Tenía una memoria envidiable.·

 

Allí la vemos en el centro  con ropa clara,  a la izquierda su hermana  María Cristina, a la derecha de ropa oscura su hermana María Luisa; en el extremo derecho una prima. Foto tomada por Félix en El Bananal.

 

Y el solar donde residió este personaje que hizo un aporte importante a la historia de Jujuy…se está demoliendo. Se está borrando un pedazo de la historia de Jujuy, de nuestra  historia.

En el caso de la figura de Félix Infante, trasciende lo personal para transformarse en pública.

La casa donde vivió se transforma en un testimonio importante para la historia e identidad de Jujuy.

Por ahí se dijo que no se podía detener su demolición por ser una propiedad privada. Pero ese predio que es historia se fue convirtiendo en patrimonio, y recordemos que el Patrimonio trasciende lo público y lo privado. 

Es oportuno recordar lo que nos dice La Carta de Atenas. que el PATRIMONIO es un mensaje que nos viene del pasado para que tengamos fresca la memoria. Es la plataforma que nos sirve para darnos cuenta qué somos y qué  queremos. Reafirma nuestra identidad.

Gran parte de nuestro Patrimonio se ha perdido, se ha destruido por ser mudos testigos de su desaparición. No se trata de avasallar las libertades individuales, sino un llamado a la conciencia colectiva, a la solidaridad. Y no transformarse en cómplice con el silencio.

Que la pala y la picota se detengan.