Había algo extraño en aquellas conversaciones dentro de una cárcel de Brasilia. Los hombres condenados por violación podían contar lo que había ocurrido, pero cuando Rita Segato intentaba comprender qué significaba para ellos aquello que habían hecho, las palabras empezaban a faltar.
La pregunta que cambió la vida de Rita Segato
Durante una investigación realizada entre 1993 y 1995 en la penitenciaría de Brasilia, Rita Segato conversaba con hombres condenados por violación. Quería entender más a fondo qué había detrás de esos actos y qué podían decir quienes los habían cometido sobre la sociedad en la que vivían.
Sin embargo, algunos de los presos no tenían palabras suficientes para hablar sobre lo que habían hecho. Les faltaba vocabulario para reflexionar sobre sus propias acciones y asumirlas mediante el lenguaje. Algunos terminaban recurriendo al vocabulario bíblico que encontraban en las misiones evangélicas de la prisión para poder hablar de sí mismos como personas buenas y susceptibles de redención.
Segato pudo haberse quedado ahí, con las primeras versiones que los presos intentaban reconstruir.
Pudo haber terminado ahí su investigación, escribir sus conclusiones y continuar con el siguiente proyecto.
Pero este proceso le generó más dudas que respuestas, entre ellas, ¿qué sucede cuando una persona no tiene las palabras necesarias para hablar de aquello que hizo?
La respuesta la llevó a crear, junto con sus estudiantes, un proyecto llamado “Habla preso”, dedicado al derecho humano a la palabra dentro de la cárcel. Una investigación había producido otra investigación; una pregunta había generado otra pregunta.
Su trayectoria como antropóloga no siguió nunca una línea recta definida. Con frecuencia, una pregunta que alguien le hacía terminaba llevándola hacia un problema que ella todavía no había pensado estudiar.
Pero para entender cómo llegó hasta aquella cárcel, hay que regresar muchos años.
Cuando tenía catorce años, Segato viajaba con siete amigos por el norte de Argentina. Había crecido en Buenos Aires, estudiaba música en el conservatorio, tocaba Beethoven y había recibido una formación que ella misma ha descrito como profundamente eurocéntrica. Sus dos padres habían nacido en Europa. Por aquellos años conoció la zona andina de Jujuy, cerca de las fronteras con Chile y Bolivia.
No sabía todavía qué significaba para su vida, pero sintió que su camino estaba hacia esa parte del país, hacia esa Argentina que hasta entonces no conocía. Su mirada había estado orientada hacia Europa y, después de aquel viaje, comenzó a mirar en otra dirección.
Todavía no era antropóloga. De hecho, la música sería uno de los caminos que la acercarían a la disciplina. Estudió Ciencias Antropológicas en la Universidad de Buenos Aires y, después de que la universidad fuera cerrada en 1974, su trayectoria la llevó a Venezuela. Allí trabajó en el Instituto Interamericano de Etnomusicología y Folklore de Caracas. Durante esos años continuó acercándose a la música, la cultura y las formas en que las personas producen sentido. En 1979, durante la dictadura argentina, participó en un viaje de incógnito en la Patagonia. Después llegaría Recife.
El encuentro con el mundo religioso afrobrasileño fue uno de los momentos decisivos de su trayectoria. Allí realizó el trabajo de campo que posteriormente se convertiría en la base de su tesis doctoral sobre el culto Xangô.
Durante esa investigación convivió con las personas que estudiaba. Segato había recibido una formación antropológica clásica en la que el trabajo de campo exigía permanecer con la comunidad, atravesar sus estaciones, rituales y vida cotidiana.
Segato cuenta que desarrolló una sensación de deuda con aquellas personas porque había aprendido de ellas y porque la convivencia había cambiado su manera de comprender la diferencia. Décadas después todavía conservaba amistad con algunas de ellas y hablaba de la necesidad de encontrar formas de retribuir lo recibido.
Incluso estableció una relación personal con ese universo religioso.
En el candomblé se considera hija de Oyá, una figura asociada por ella con el coraje, la autonomía y la capacidad de enfrentar la injusticia. Segato ha explicado que mucho de lo que posteriormente fue capaz de pensar provino de aquello que aprendió durante esa etapa.
Después obtuvo su doctorado y comenzó su larga trayectoria en la Universidad de Brasilia.
Durante décadas enseñó antropología.
Su primera investigación había sido elegida por ella. Estudiaba religión y sociedad, y ese fue su campo durante varios años.
Después, las preguntas empezaron a llegar desde otros puntos.
Una de ellas surgió cuando el secretario de Seguridad Pública de Brasilia pidió a la universidad que explicara por qué había tantas violaciones en las calles de la ciudad. El rector convocó a un grupo de investigadoras que estudiaban temas relacionados con las mujeres. Así fue como Segato entró, por primera vez, en el estudio de la violencia s3xual.
Ella misma utilizaría después una expresión para describir esta forma de trabajar.
“Antropología por demanda”, le llama.
La idea apunta a que, en lugar de decidir siempre desde la universidad qué problema merece ser investigado, el antropólogo puede poner sus herramientas al servicio de preguntas que llegan desde otros espacios sociales. Segato describe esas investigaciones como respuestas a personas y grupos que buscan mejorar las condiciones de vida en sus propios espacios.
Eso explica por qué su trayectoria empezó a desplazarse.
La pregunta sobre las violaciones la llevó a la cárcel.
La cárcel la llevó a pensar en el lenguaje y la responsabilidad.
Después aparecería otra pregunta relacionada con el racismo.
En 1998, mientras coordinaba el posgrado de Antropología de la Universidad de Brasilia, Segato intervino en defensa de Arivaldo Lima, un estudiante de doctorado negro que había sido reprobado injustamente por un profesor. El conflicto terminó convirtiéndose en una lucha por el acceso de estudiantes negros a la educación superior brasileña.
Segato participó posteriormente en la primera propuesta de acciones afirmativas para garantizar el ingreso de estudiantes negros e indígenas a las universidades brasileñas, presentada en 1999. En 2002 también participó, junto con 41 mujeres indígenas de diferentes regiones de Brasil, en una propuesta de políticas públicas para mujeres indígenas.
Así fue como Segato sacó a la antropología de las aulas, lo cual todavía sigue haciendo falta en muchas academias de otras geografías.
También comenzaba a entrar en espacios donde estaban en juego decisiones concretas.
Después llegó Ciudad Juárez.
Segato ya había investigado la violencia sexual en Brasilia cuando comenzó a interesarse por los asesinatos de mujeres en esa ciudad fronteriza mexicana, y no fue en vano, porque encontró nuevas preguntas.
Conversó con la periodista Diana Washington Valdez del otro lado de la frontera, mientras investigaba junto con otros periodistas y revisaba información que las autoridades habían descartado. Algunos de los datos apuntaban hacia personas consideradas respetables y con posiciones económicas importantes.
¿Qué relación podía existir entre hombres aparentemente respetables y los secuestros, abusos y asesinatos de mujeres?
Para Segato, explicar aquellos casos únicamente mediante un supuesto móvil sexual resultaba insuficiente. Adicionalmente, cuestionó la tendencia a colocar distintos crímenes contra mujeres dentro de una misma categoría, porque eso podía impedir comprender quiénes participaban, qué intereses estaban involucrados y qué función cumplía la violencia en cada contexto.
Su investigación comenzó a desplazarse entonces hacia la idea de que la violencia contra las mujeres podía formar parte de relaciones de poder mucho más amplias.
En algunos escenarios, el cuerpo femenino podía convertirse en un lugar donde se expresa y se comunica el poder entre hombres, grupos armados, organizaciones y territorios.
Esa preocupación aparece posteriormente en sus trabajos sobre las nuevas formas de guerra. Segato sostiene que, en determinados conflictos contemporáneos, las agresiones contra las mujeres pueden funcionar dentro de estrategias de control territorial y social.
La investigación la llevó a Guatemala. Ahí participó como perita en el caso Sepur Zarco, relacionado con mujeres indígenas maya q’eqchi’ que habían sufrido violación y esclavitud sexual durante la guerra. Su trabajo contribuyó a explicar los hechos ante el tribunal y a vincular las agresiones contra las mujeres con las condiciones sociales y políticas en las que ocurrieron. El proceso terminó con la condena de dos exmilitares y medidas de reparación para las sobrevivientes y su comunidad.
En una ocasión, en Buenaventura, Colombia, una joven le hizo una pregunta durante una actividad pública.
“¿Cómo paramos esta guerra?”
Segato había estado escuchando testimonios y entendió que aquella pregunta no se refería solamente a los enfrentamientos armados. La violencia contra las mujeres también estaba relacionada con el desplazamiento de poblaciones afrodescendientes y con la disputa por territorios destinados a proyectos inmobiliarios, mineros y agroindustriales.
Otra vez, la pregunta inicial llevaba a ampliar la investigación.
Ya no bastaba con estudiar el acto individual.
Había que observar las relaciones entre los cuerpos, los grupos, las instituciones y los territorios.
Con el paso de los años, Segato también empezó a cuestionar a la propia antropología. En 2020 decía que la disciplina había producido una enorme cantidad de conocimientos sobre la diversidad humana, pero que esos conocimientos muchas veces permanecían dentro de la propia academia. Los antropólogos escribían para otros antropólogos y, desde su perspectiva, eso había contribuido al aislamiento de la disciplina.
Ella había decidido andar por otro rumbo y, después de 33 años dando clases en Brasilia, se jubiló de su cargo universitario. Sin embargo, siguió trabajando, participando en investigaciones, tribunales, debates públicos y espacios académicos.
En 2018 recibió el Premio Latinoamericano y Caribeño de Ciencias Sociales CLACSO 50 años y varios doctorados honoris causa. En 2019 fue reconocida como Personalidad Destacada de la Cultura por la Ciudad de Buenos Aires. En 2020 recibió el Premio Daniel Cosío Villegas en Ciencias Sociales de El Colegio de México.
Su trayectoria, sin embargo, puede entenderse mejor si dejamos por un momento los premios y regresamos a aquella cárcel.
Unos hombres no encontraban palabras para hablar de lo que habían hecho.
La investigadora escuchó ese problema y decidió rastrear la pregunta.
Quizá ahí está una de las claves de su vida intelectual. Para Segato, investigar no consiste solamente en encontrar una respuesta y cerrar un problema. Cada respuesta puede producir una nueva pregunta y obligar a mirar el mismo fenómeno desde otro lugar. Ella misma ha mencionado en entrevistas que una verdad debe conducir hacia una nueva indagación y que la historia permanece abierta e imprevisible.
También por eso su trayectoria resulta difícil de resumir en una sola especialidad.
Comenzó con la música. Pasó por la etnomusicología. Llegó a la religión afrobrasileña. Después estudió género y violencia. Investigó cárceles, racismo, feminicidios, guerras, territorios y derechos humanos.
Terminó llevando la antropología hasta espacios donde una investigación podía tener consecuencias jurídicas y políticas. Segato pasó buena parte de su vida siguiendo preguntas como la del inicio. ¿Cómo se llega a encontrar las palabras adecuadas para describir lo que hemos hecho?
Tal vez nosotros también deberíamos preguntarnos alguna vez qué cosas de nuestra vida cotidiana hemos aprendido a nombrar de una manera tan habitual que ya dejamos de preguntarnos qué significan.
¿Qué pregunta de tu propia vida crees que cambiaría si alguien se atreviera a hacerla de otra manera?
Si llegaste hasta aquí, cuéntanos qué parte de la trayectoria de Rita Segato te hizo detenerte a pensar y comparte esta nota con alguien que también disfrute mirar la vida cotidiana desde otra perspectiva.
Fuente
Ballón Gutiérrez, A. y Sánchez-Mojica, D. (2020). “Entrevista a Rita Laura Segato: autobiografía, pensamiento y políticas de la verdad”. Nómadas, 53, pp. 229-238.
Segato, R. L. (2003). Las estructuras elementales de la violencia. Ensayos sobre género entre la antropología, el psicoanálisis y los derechos humanos. Bernal, Universidad Nacional de Quilmes / Prometeo.
Segato, R. L. (2016). La guerra contra las mujeres. Madrid, Traficantes de Sueños.
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